El río y la Piedra
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Había un río que corría alegre por el valle, llevando agua fresca a todos los pueblos y campos que encontraba a su paso. Cada gota contribuía al crecimiento de flores, árboles y pastos.
Un día, una piedra grande cayó al río y se quedó inmóvil en medio de la corriente. No movía nada, no alimentaba la tierra ni ayudaba a los peces. Solo estaba allí, bloqueando un poco el paso del agua.
El río la miró con paciencia y dijo:—¿Por qué estás aquí si no ayudas a nadie?
La piedra respondió con orgullo:—Yo soy más fuerte que tú, más dura, más importante.
El río sonrió suavemente:—La fuerza no se mide por tamaño ni orgullo. La verdadera fuerza es aportar algo a la vida, aunque sea una gota pequeña.
La piedra, por más que insistiera en su “grandeza”, nunca dejó de ser solo eso: una piedra en el camino. Mientras tanto, el río siguió fluyendo, llevando vida y dejando huella donde pasaba.
Moraleja:
No importa lo que creas que eres; quien no aporta, solo ocupa espacio. La verdadera grandeza se mide por lo que das, no por lo que aparentas.





