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Cómo perdió el Sol su fiereza

Cómo perdió el sol su fiereza Una noche, Aruna, diosa del amanecer y madre de Surya, dios del sol, se despertó en su cama agitada y sudando. Había escuchado una voz susurrándole que, si no tenía cuidado, su hijo la abandonaría y se iría en busca de lejanos horizontes. Si eso llegaba a suceder, el universo quedaría para siempre sumido en la oscuridad.


Por la mañana, Surya estaba muy inquieto. Sentía que tenía que hacer un largo viaje.

De manera que anunció a su madre que se iba a dar una vuelta a caballo por el cielo.


Aruna ocultó su miedo. En cambio, le dedicó una gran sonrisa y dijo: «Surya, hijo mío, ¡qué idea tan encantadora! Creo que voy a ir contigo. ¿Te gustaría que fuera tu auriga?».


Surya tenía mucho cariño a su madre. Además, sabía que se le daban muy bien los caballos. Así que aceptó su ofrecimiento, a pesar de que tenía muchas ganas de llevarlos él mismo. El carro de Surya estaba arrastrado por siete caballos, todos ellos con pelajes como la seda marrón rojiza e iban adornados con guarniciones de oro. Surya subió al carro y Aruna se instaló en el asiento del cochero.


Restalló el látigo y los caballos empezaron a trotar. Pronto estaban galopando por los cielos. Con el viento agitándole el cabello, Surya experimentó una inmensa sensación de euforia. «Madre, ya no me siento tan inquieto», gritó, y Aruna le devolvió la sonrisa diciendo: «¡Lo sé! ¡Lo sé!».


Mientras continuaban con su paseo, Aruna divisó una preciosa joven en un jardín lleno de flores. Cantaba y jugaba con sus doncellas. De repente, Aruna tuvo una idea. Condujo el carro hacia el jardín y, como esperaba, vio que Surya y la muchacha se miraban.


Surya no era muy alto, pero tenía un cuerpo musculado y como hecho de cobre bruñido. Cuando sonreía el brillo de su sonrisa derretía hasta el corazón más duro. Sonrió a la chica y ésta, presa de su encanto, enrojeció tímidamente.

  • ¿Quién es esa chica? –preguntó en voz alta.

  • Sanjana –respondió Aruna–. Su padre es Vishwakarma, el arquitecto de los dioses.

  • Qué muchacha tan bella –dijo Surya–. Será una maravillosa esposa para cualquiera.

Aruna paró el carro y le preguntó:

  • ¿Te gustaría casarte con ella?

Y así se acordó el matrimonio de Surya y Sanjana. Cuando terminaron las ceremonias, Surya se llevó a su mujer al palacio, y allí fue donde empezaron los problemas. Hasta entonces no habían estado juntos y ahora, cuando Surya fue a sentarse al lado de Sanjana, el calor que irradiaba le quemó la piel. Le chamuscaba la carne y abrasaba sus entrañas. Sanjana no pudo soportar el calor y se desmayó. Cuando las doncellas la reavivaron salpicándole agua en la cara, se echó a llorar:

  • No puedo quedarme con él. Su resplandor me reducirá a cenizas…

Sus doncellas le ayudaron a huir y en su lugar dejó a Chhaya, su sombra. Luego, adoptando la forma de una yegua, Sanjana se ocultó en un bosque oscuro. Allí vagaba afligida por la pena y la culpabilidad. Amaba a su marido, pero sabía que, si se le acercaba, moriría abrasada. Cuando Surya descubrió que su mujer había huido del palacio, salió a buscarla. No tardó en encontrarla y, decidido a no separarse de ella, se transformó en un garañón y se acercó a ella. Sanjana no cabía en sí de gozo al encontrar a su marido bajo una forma que era al mismo tiempo agradable y espléndida.

  • Nunca volveremos a separarnos – se dijeron el uno al otro.

Pero tanto Aruna como Vishwakarma estaban preocupados. El universo estaba a oscuras. ¿Cómo podría haber vida sin que Surya derramara su luz?

  • ¿Qué podemos hacer? –preguntó Aruna–. Surya no consiente en volver a su forma original si molesta a Sajana y la pobre Sajana acabará reducida a cenizas si lo hace.

Vishwakarma pensó un rato y dijo:

  • Sólo podemos hacer una cosa. Tendré que romper con un cincel parte de los brillantes rayos para que Sanjana y él pueda vivir juntos como marido y mujer.

Vishwakarma fue al bosque donde vivían Surya y Sanjana y despojó a Surya de un octavo de sus rayos. Los fragmentos incandescentes cayeron a la tierra. Dos de ellos se convirtieron en el disco de Visnú y el tridente del Shiva. Y como Surya había perdido parte de su fulgor, Sanjana pudo al fin estar con él. Así que recuperaron sus formas auténticas y volvieron a vivir en su palacio.

Extraído de: Mitos mágicos de la India

© 2013 Aruna-Yoga. Creado con Wix.com

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