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  • Cuando no hay tiempo

    Existen silencios que no gritan, pero pesan. No son discusiones ni despedidas cargadas de emoción, sino respuestas que llegan tarde, proyectos que nunca se concretan y un “ hablamos después”  que se transforma en una rutina.

  • ¿Dónde quedaron los buenos modales?

    En la vida diaria se percibe una sensación cada vez más extendida: los buenos modales, la cortesía y el respeto parecen estar en segundo plano. Solicitar información sin mostrar gratitud, recibir ayuda sin valorar el esfuerzo de la otra persona y el tiempo que ha invertido, entrar en un lugar y no saludar…detalles que a pesar de parecer triviales, reflejan en gran medida la sociedad que estamos creando La educación no se limita a las aulas ni a los títulos académicos. Está presente en la vida diaria en  “ por favor ”, en un “ gracias ”, en escuchar sin interrumpir y en respetar conversaciones ajenas sin convertirlas en motivo de crítica. Sin embargo, cada vez es más común ver como la falta de respeto hacia los demás se normaliza, como el egoísmo justifica cualquier actitud. También es muy preocupante como se trata a nuestros mayores. Ellos que han dedicado su vida para construir el presente que hoy disfrutamos, frecuentemente son ignorados, relegados a un segundo plano. No respetar a nuestros mayores no solo muestra falta de educación, sino también indica una pérdida de valores y de memoria colectiva. Vivimos en una sociedad acelerada, donde la prisa y la tecnología, predominan, donde observar una pantalla parece más importante que mirar a los ojos de las personas. Pero la rapidez no debería justificar la falta de cortesía. La empatía, el respeto y la educación no necesitan tiempo extra, solo voluntad. La pregunta es inevitable: ¿Qué tipo de sociedad queremos ser? Recuperar los buenos modales no es volver al pasado, sino avanzar como comunidad. Porque una sociedad educada no es aquella que más sabe, sino la que mejor convive, la que mejor se relaciona.

  • EL YOGA NO NACIÓ PARA “ESTIRAR EL CUERPO”.

    Durante siglos, el yoga fue una práctica casi secreta, transmitida de maestro a alumno, y su objetivo principal no era físico sino mental y espiritual, entrenar la atención, la respiración y la capacidad de estar presente.

  • El río y la Piedra

    Había un río que corría alegre por el valle, llevando agua fresca a todos los pueblos y campos que encontraba a su paso. Cada gota contribuía al crecimiento de flores, árboles y pastos. Un día, una piedra grande cayó al río y se quedó inmóvil en medio de la corriente. No movía nada, no alimentaba la tierra ni ayudaba a los peces. Solo estaba allí, bloqueando un poco el paso del agua. El río la miró con paciencia y dijo:—¿Por qué estás aquí si no ayudas a nadie? La piedra respondió con orgullo:—Yo soy más fuerte que tú, más dura, más importante. El río sonrió suavemente:—La fuerza no se mide por tamaño ni orgullo. La verdadera fuerza es aportar algo a la vida, aunque sea una gota pequeña. La piedra, por más que insistiera en su “grandeza”, nunca dejó de ser solo eso: una piedra en el camino. Mientras tanto, el río siguió fluyendo, llevando vida y dejando huella donde pasaba. Moraleja: No importa lo que creas que eres; quien no aporta, solo ocupa espacio. La verdadera grandeza se mide por lo que das, no por lo que aparentas. Aruna Yoga® Yoga · presencia · escritura consciente   © 2026 Aruna Yoga® Texto original. Puede compartirse citando a la autora, sin fines comerciales y sin modificar el contenido. Licencia Creative Commons BY-NC-ND.

  • Reflexión sobre el juicio al profesor/a de yoga

    A veces decimos “ no me gustó el profesor/a de yoga ”, cuando en realidad lo que no nos gustó fue lo que despertó en nosotr@s. Quizás no nos dio la intensidad que esperábamos, o nos hizo quedarnos demasiado tiempo en el silencio. Tal vez su manera de enseñar nos pareció “ extraña ”, pero en el fondo solo nos mostró algo que no estábamos listos para entender o aceptar. No todos los estilos y maestr@s son adecuados para cada momento." Sin embargo, eso no quiere decir que el profesor o la profesora sea "mal@". "Simplemente, puede que no sea lo que necesitamos en este momento Cada guía tiene algo que enseñar —incluso si su enseñanza es la de mostrarnos nuestra impaciencia, nuestro juicio o nuestras expectativas. El yoga, al final, también es eso: aprender a observar sin juzgar. Y quizá el verdadero reto no esté en la postura, ni en como pensamos, sino en aprender a no juzgar lo que aún no entendemos

  • Exito?

    Mi mayor éxito es la gente que camina conmigo. Ya no busco fama ni prestigio, porque hay riquezas que no se ven y son mucho más importantes. La verdadera fama es ser fiel a quien soy. Solo pido claridad para distinguir lo auténtico de lo falso, fuerza para alejarme de quien se aprovecha y sabiduría para valorar lo que realmente importa. Quiero tiempo y energía para lo que suma, y paz para soltar todo aquello que no me deja crecer.

  • Ser y parecer

    Un hombre paseaba tranquilamente por el mercado cuando se detuvo frente a una tienda que exhibía dos loros en una misma jaula. Uno de los loros era espléndido: sus plumas relucían con vivos colores, y su canto melodioso embelesaba a todos los que pasaban. El otro, en cambio, parecía descuidado; su plumaje era opaco y deslucido, y no emitía ni un solo sonido. Sin embargo, lo que más llamó la atención del hombre fue el precio. El loro hermoso costaba apenas veinte euros, mientras que el loro más modesto valía mil euros.

  • Año Nuevo, Nuevos comienzos

    H abía una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, un joven llamado Leo. Cada año, el 31 de diciembre, su familia celebraba la llegada del Año Nuevo con una gran fiesta, llena de risas, fuegos artificiales y promesas de un futuro brillante. Pero este año era diferente. Leo sentía que algo le faltaba. A pesar de la alegría que se respiraba en su hogar, él no podía dejar de preguntarse: "¿Por qué siento que estoy estancado, aunque el tiempo sigue avanzando?"

  • Este año

    Este año me ha enseñado a mirar con otros ojos. He descubierto quién estaba a mi lado por interés y quién lo hacía de verdad. He descubierto amistades donde nunca imaginé encontrarlas y he sentido decepciones allí donde creía estar segur@. He aprendido que, para celebrar, siempre hay much@s pero que en el dolor solo permanecen unos pocos. También he comprobado que, en los momentos en los que más necesité una palabra amable, muchas veces llegó de quienes menos esperaba. Este año he hecho limpieza, he soltado lo que pesa, lo que no suma y hoy me rodeo de quienes realmente valen la pena. Y aun así, doy gracias a tod@s, porque de cada persona aprendí algo: cómo quiero ser…  y cómo no quiero ser. Quiero mirar a quienes han estado a mi lado, en los días de sombra y en los luminosos. Gracias por permanecer ,por acompañar, por creer.

  • El hilo invisible

    D urante las fiestas, Tomás sentía que caminaba por un mundo ajeno. Las luces colgaban de los balcones como promesas que no eran para él, y las canciones sonaban desde casas donde no estaba invitado. No estaba triste todo el tiempo, pero sí había una sensación persistente: la de ser una isla. Una tarde fría decidió salir a caminar sin rumbo. En una plaza vio un árbol decorado de forma extraña: no tenía bolas ni estrellas, solo pequeños hilos atados a las ramas. Cada hilo llevaba un nudo distinto. Algunos eran torpes, otros delicados. Un cartel decía: “ Ata aquí lo que no sabes dónde dejar.” Tomás dudó, pero sacó un hilo del bolsillo del abrigo que no recordaba haber guardado. Lo ató a una rama baja y pensó en todo lo que no había dicho ese año, en las personas que se habían ido, en las noches largas. El árbol no respondió. No hizo falta. En los días siguientes volvió varias veces. Vio a otras personas detenerse, atar hilos, quedarse quietas un momento y seguir su camino un poco más ligeras. Nadie hablaba, pero algo los unía. Un gesto. Un silencio compartido. Cuando las fiestas terminaron, el árbol seguía allí, lleno de hilos moviéndose con el viento. Tomás entendió entonces que no había estado tan solo como creía. Había otros, invisibles, atravesando lo mismo. Y aunque no se conocieran, estaban conectados por algo simple y humano: seguir adelante. Si estas fiestas te sientes sol@, recuerda esto: hay hilos que no se ven, pero sostienen. No necesitas ser fuerte ni estar alegre. Solo seguir atando tu hilo a la vida. Eso basta .

  • Lo que permanece cuando todo se apaga

    Hubo un tiempo en que el reconocimiento parecía un objetivo, un lugar al que quería llegar para sentir que la vida tenía sentido. Ser importante, demostrar lo que valía, destacar antes l@s demás… Pero con el tiempo, después de caídas y éxitos pasajeros, un@ se da cuenta que esas luces son débiles, que las personas que se acercan cuando estás en la cima a menudo suelen hacerlo atraídas por el reflejo, no por lo que realmente eres. El reconocimiento es como un fuego artificial; deslumbra, pero solo dura unos pocos segundos. La importancia social es como un espejismo; desaparece cuando las situaciones cambian. Y la necesidad de demostrar algo a l@s demás es como una prisión invisible; que te obliga a vivir para ojos ajenos, en lugar de vivir tu propia realidad.

  • Distinta

    Soy una persona con carácter y visión propia. No busco encajar en estándares ni aparentar lo que no soy. Me defino por mi capacidad de aprender, adaptarme y mejorar constantemente, sin perder mi esencia.

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